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* Los Stones son más que una banda de rock , los Stones son un estilo de vida!

* The Stones are more than a rock band, the Stones are of life style !
ANDREW LOOG OLDHAM

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lunes, 3 de junio de 2013

Ex mayordomo de Keith Richards , limpia vidrios en Medellín


Por nueve años, fue la mano derecha de Keith Richards. Ahora, trabaja en una empresa de aseo.

La última vez que Jorge Yepes se tomó una cerveza con Keith Richards, el mítico guitarrista de los Rolling Stones, fue hace tres años, en la mansión de la superestrella del rock, donde este Colombiano de 42 años vivía con su esposa como si fuera un miembro más de la familia.

“Yo sé cuál es su anillo de calavera preferido, su pipa y su chaqueta de la suerte; sé qué come; lo sé todo”, dice Yepes con jactancia, trepado en una escalera de hierro, desde donde limpia los vidrios de la fachada de la terminal de transportes del sur de Medellín.

En esta ciudad mataron a su papá en los años ochenta, la época ‘dorada’ del narcotráfico. Una noche, dos hombres le dispararon en el momento en que Yepes, de 14 años, y un hermano le abrían la puerta del garaje de su casa familiar. Esto llevó a su hermano mayor y a su mamá a huir de la violencia. Eligieron irse a Connecticut, Estados Unidos, a donde Yepes viajó en 1997 y conoció, pocos meses después, a Keith Richards.

“Hablan de las excentricidades de Keith, pero eso no es cierto. En Medellín he visto fiestas más locas que las de él”, cuenta Yepes, tranquilo, mientras sacude el trapo con el que limpia los ventanales en los que se refleja su rostro y su silueta. Por debajo de la escalera pasan decenas de transeúntes y viajeros de la terminal que no sospechan que el hombre del aseo le abría la puerta –hasta hace pocos años– a Elton John, Sting y a las superestrellas que visitaban a Richards. Pero ahora su trabajo es otro: es supernumerario de una empresa de aseo.

Los vidrios están limpios. El reloj marca las cinco de la tarde, ya ha terminado su turno y Yepes quiere tomarse un trago de ron para recordar sus mejores épocas. “Vamos al negocio de un amigo”, dice.
Se dirige a un pequeño bar en la 70 –una zona de tabernas estrato cuatro de Medellín–. El lugar está decorado con fotos y afiches de Keith Richards que el mismo Yepes regaló. “Te voy a ocupar una mesa, ‘parcero’ ”, le dice al dueño del negocio, que está surtiendo cervezas en las neveras del bar. El hombre apenas levanta la cabeza, lo ve y dice con voz de pocos amigos: “No Jorge, para usted no hay servicio aquí”. Yepes, disimulando la vergüenza, sale del negocio: “Mejor nos vamos para mi casa, aquí hay mucho ruido para la entrevista”.

Yepes ya no es una celebridad entre sus amigos de Medellín, de cientos que tenía solo le quedan Sandra, Coqui, Rubén y Asecas. Atrás quedaron los años en que llegaba a Medellín cargado de regalos, con dinero para gastar y con anécdotas fantásticas de su vida al lado de las estrellas. Alguna vez, recuerda, llegó a traer hasta 30 discos autografiados por Richards y con el nombre de cada uno de sus amigos. Ahora vive en una pieza en un apartamento de dos habitaciones, que en nada se parece a la mansión de los Richards (11 habitaciones, 700 ventanas y tres mega casas).

Los recuerdos

Yepes pide permiso a los dueños del apartamento para usar la sala, y de pronto la mesa de centro está llena de prendas y objetos de los Rolling Stones y de Keith Richards. Calzoncillos, chaquetas, muñecos, fotos, discos autografiados, corbatas y una colección de pipas se esparcen como si estuvieran a la venta. “Vea esta pipa, con forma de cobra, era su preferida”, dice entusiasmado. “Una vez lo vi fumándose un porrito con esta y le dije, ‘señor Richards, qué pipa tan bacana’; terminó de fumar y me la regaló”. 

Ahora toma en sus manos una foto de Richards, de unas vacaciones en Nueva Zelanda, donde la estrella tuvo un grave accidente al caer de una palmera, de la que intentaba bajar un coco. Por ese accidente cancelaron sus vacaciones y llegaron todos a la mansión, con médico a bordo, el mismo que lo había operado en ese país de Oceanía.

“Dos meses después, cuando él ya estaba recuperado, la señora Patti (la esposa de Richards) me dijo: ‘George, lleva al médico a dar una vuelta; él no conoce y debe estar muy aburrido’. Y así fue, me lo llevé para Bridgeport, al bar Rubíes, donde solían bailar veinte mujeres desnudas al mismo tiempo. Al día siguiente, ella le preguntó al doctor: ‘¿Y cómo la pasó anoche con George?’. Él respondió: ‘Estados Unidos es beautiful, ¡George is beautiful!’ ”.
Yepes recoge de la mesa de centro una foto desvencijada. En la imagen se reconocen al actor Johnny Depp y a Ronnie Wood . “Estos eran sus mejores amigos, sus amigos personales. Mick Jagger, que es muy simpático, era poco rumbero y solo iba por cosas de trabajo”, recuerda.

Pero cuando veía llegar a Depp y Wood se ponía las manos en la cabeza, pues estaba seguro de que tendrían una larga noche. Sabía que tendría que llenar las neveras con cerveza, vodka y Dom Pérignon, y preparar todo antes, durante y después de la fiesta. “Pero los encuentros eran sanos”, afirma Yepes, para quien las reuniones eran unas tertulias: “Billar pool, licor, porros y mucho rock and roll”.

Pocas veces vio cosas extrañas, como el día en que Wood y Richards, sin haber dormido un solo minuto, salieron en la mañana, después de una fiesta, a jugar tenis: “Las pelotas salían de una maquina y los dos, en boxers, lanzaban raquetazos al aire; creían pegarles a las pelotas, pero no le daban a ninguna. Solo estiraban sus mandíbulas y gesticulaban como locos”. En su vida diaria, no obstante, dice Yepes, Richards era una persona dedicada, y a veces muy callada. Su ritual mañanero: un porro y un vodka con jugo de naranja. Solía leer o encerrase en su estudio del sótano a componer.

El encuentro

Yepes llegó a los Estados Unidos en 1997 y se consiguió un trabajo pintando casas para la compañía Designer’s Choice. Su primera misión: pintar, con 30 obreros más, la mansión del guitarrista de los Rolling Stones. Yepes era un obrero más, pero gracias a su espíritu "paisa" (*) , dice él, se destacó. “Yo podía estar muy ocupado pero veía que algo podía hacer para ayudar y colaboraba, así como uno hace en Colombia. Bajaba maletas, el mercado y lo que fuera, y no porque él fuera un roquero famoso, sino porque los "paisas" somos así”.

Quizá por eso un día Keith Richards le habló: “George, ¿y de dónde eres?”. “Soy de Medellín, míster Richards, de Medellín, Colombia”, respondió Yepes con cierto nerviosismo. Su nuevo jefe contestó con una gran sonrisa, con cara de loco y llevándose la mano a su nariz, simulando meterse un pase de coca. “Medellín, the best, the best in the world, George”. Y ahí empezó la química. “Le quiero aclarar algo –dice Yepes–. Yo nunca fui el jíbaro del señor Richards”.

Cuando terminó de pintar la mansión, Richards ya hablaba muy seguido con Yepes y el día de la salida de los obreros le pidió que se quedara como su mayordomo. “Un trabajo más, pensé, porque a mí, aunque me gustaba el rock, "no me mataban los Stones"; la única que me sabía era Angie y era porque así se llamaba mi novia”, cuenta.

Pronto, Yepes se volvió el hombre de confianza de Richards, de sus hijas (Theodora y Alexandra) y de su esposa, Patti Hansen. “Me tocaba ir a Nueva York a llevarle una chaqueta, un anillo o algún objeto que había olvidado en su mansión. Viajaba con ellos y entraba a los camerinos en los conciertos”.

Se daba la gran vida, pero estaba solo. Extrañaba a su novia, Angélica. “Le conté al señor Richards que no era feliz, que la quería conmigo y me dijo que la llevara a la mansión, pero le conté que era muy difícil obtener la visa para un colombiano. ‘La única es comprar la visa, señor Richards’, le dije un día. A la semana, me dio 13.000 dólares en un sobre. ‘Haz lo que tengas que hacer, pero tráela y sé feliz’, me dijo”.

Y así fue. Pagó 22 millones de pesos en Medellín por una visa falsa para su novia, con quien se casó antes del viaje. Dos meses después, Angélica estaba haciendo los oficios domésticos de la mansión y Yepes estaba más feliz que nunca. Allá tuvieron su primer hijo, Daniel (hoy de 11 años), y hasta el baby shower corrió por cuenta de los Richards. Le dieron una guitarra autografiada y un viaje a Orlando, en Florida.

La cárcel

¿Pero cómo termina limpiando vidrios en Medellín el mayordomo del guitarrista de los Rolling Stones? “Pues la cagué. Me puse a hacer vueltas raras y vea, aquí estoy. Pero eso sí, mejor se lo cuento con un ron”, dice Yepes, que, tras recoger sus recuerdos de la mesa de centro, se dirige a la tienda de la esquina.

Sentado en el piso, recuerda: “Todo salió mal. Primero, me separé de mi esposa, me dio depresión, dejé mi trabajo con los Richards y tuve días duros”. Después de su renuncia, Yepes se dedicó a su viejo oficio, pintar casas. Pero encontró un trabajo que le traía mejores resultados económicos: llevar dinero de un lugar a otro. “Nunca supe de qué era esa plata. Solo sabía que había que llevarla de un punto A a un punto B y que me pagaban 1.500 dólares por la vuelta. Ese era un negocio de un "amigo paisa", pero yo le ayudaba”, dice.

En una de esas entregas fue capturado por la DEA, y más tarde condenado por lavado de activos y trasladado a una cárcel en Pensilvania. Allí, compartió camarote con David Murcia Guzmán, el creador de la captadora de dinero DMG. “Apenas llegué me dijo: ‘¿Usted sabe quién soy yo? Soy el dueño de DMG y todo lo que tocó lo vuelvo oro’. Yo le respondí: ‘Ay, parcero, no me jodás, que yo todo lo que toco lo vuelvo mierda”.

Estuvo seis meses preso y fue deportado. Lo perdió todo. Ahora, quiere recuperar dos guitarras autografiadas por Richards, que él le regaló y que dejó en casa de una prima en EEUU. Y recuperar a su esposa, que ahora vive en Venezuela. Al músico no lo piensa buscar, como no lo hizo en la época en la que estuvo en la cárcel. “Él fue excelente persona y no quiero hacerle daño a su imagen”, dice tomándose el último ron hasta el fondo.

(*) paisa (plural paisas) denota la intención de describir a los habitantes de Antioquia, Risaralda, Caldas, Quindio, Norte y Oriente del Valle del Cauca y Nordeste del Tolima.

gracias Jorge Quintero !


Ex Keith Richards Butler, clean glass in Medellin

For nine years, he was the right hand of Keith Richards. Now, working in a cleaning company.

The last time Jorge Yepes had a beer with Keith Richards, the legendary Rolling Stones guitarist, was three years ago, in the mansion of rock superstar, where the Colombian 42 years living with his wife like a family member.

"I know what his favorite skull ring, his pipe and his lucky jacket; know what to eat, I know everything," says Yepes boastfully, perched on an iron ladder, where glasses clean facade transport terminal south of Medellin.

In this city killed his father in the eighties, the era 'golden' drug. One night, two men shot him in the time Yepes, 14, and brother opened the garage door of his family home. This led to his older brother and her mother to flee the violence. They chose to go to Connecticut, United States, where Yepes traveled in 1997 and met a few months later, Keith Richards.

"They talk about the eccentricities of Keith, but that's not true. In Medellin craziest parties I've seen that it "says Yepes, quiet, while shaking the cloth that cleans the windows reflected in her face and figure. Below the staircase spend dozens of passersby and travelers from the terminal not suspect the toilet man opened the door-until recently-to Elton John, Sting and the superstars who visited Richards. But now his work is different: it is a temporary toilet company.

The glasses are clean. The clock strikes five in the afternoon, and finished his shift and Yepes wants to take a shot of rum to remember his best times. "We're in the business of a friend," he says.
It is aimed at a small bar in the 70-layer zone four Medellin taverns. The place is decorated with pictures and posters of Keith Richards gave the same Yepes. "I'll take a table, 'parcero'" tells the business owner, you are filling beer bar refrigerators. The man just looks up, sees and says an unfriendly voice: "No George, no service for you here." Yepes, hiding the shame, out of business: "We better go to my house, there's a lot of noise for the interview."

Yepes and not a celebrity among his friends in Medellin, hundreds who had just left him Sandra, Coqui, Reuben and Asecas. Gone are the years that came bearing gifts to Medellin, with money to burn and fantastic stories of his life beside the stars. Ever remember, came to bring up to 30 discs autographed by Richards and the name of each of your friends. Now lives in a room in an apartment with two rooms, which bears no resemblance to the Richards mansion (11 rooms, 700 windows and three mega houses).

Memories

Yepes ask permission from the owners of the apartment to use the room, and suddenly the coffee table full of clothes and objects of the Rolling Stones and Keith Richards. Pants, jackets, dolls, pictures, autographed records, ties and a collection of pipes spread out as if they were for sale. "See this pipe, shaped like a cobra, was his favorite," enthuses. "Once I saw him smoking a cheerleading with this and said, 'Mr. Richards, what pipe as bacana'; finished smoking and gave it to me."

Now take your hands on a photo of Richards, a holiday in New Zealand, where the star had a serious accident when he fell from a palm tree, which was trying to lose a coconut. That accident canceled their vacations and they all reached the mansion, carrying a doctor, the same as it had operated in the country of Oceania.

"Two months later, when he was already recovered, Mrs. Patti (Richards wife) said, 'George, leading to a spin doctor, he does not know and be very boring'. And so, I took him to Bridgeport, the bar Rubies, where twenty women used to dance naked at the same time. The next day, she asked the doctor: 'And how about last night with George?'. He replied: 'America is beautiful, George is beautiful!' ".
Yepes picks of a photo coffee table shabby. In the picture you recognize the actor Johnny Depp and Ronnie Wood. "These were his best friends, his personal friends. Mick Jagger, who is very friendly, there was little rumba and just going by things work, "he recalls.

But when he saw reach Wood Depp and put his hands on his head, he was sure they would have a long night. I knew I would have to fill the coolers with beer, vodka and Dom Perignon, and prepare everything before, during and after the party. "But the meetings were healthy," says Yepes, for whom the meetings were few gatherings: "Billiards pool, booze, dope and a lot of rock and roll."

Rarely saw strange things, like the day that Wood and Richards, not having slept a minute, came in the morning after a party, playing tennis "balls out of a machine and the two, in boxers, raquetazos threw the air; believed to balls hit them, but did not give any. Just stretched its jaws and gesticulating like crazy ". In everyday life, however, says Yepes, Richards was a dedicated person, and sometimes very quiet. Your morning ritual: a joint and a vodka and orange juice. I used to read or encerrase in his basement studio composing.

The meeting

Yepes came to the United States in 1997 and got a job painting houses for the company Designer's Choice. His first mission: to paint, with 30 more workers, the mansion of the Rolling Stones guitarist. Yepes was a laborer, but thanks to his spirit "paisa" (*), he says, is highlighted. "I could be busy but I saw something I could do to help and worked as well as you do in Colombia. Suitcases down, the market and what it was, and not because he was a famous rock star, but because the "paisas" are like ".

Maybe that's why one day Keith Richards spoke: "George, what and where are you?". "I'm from Medellin, Mr. Richards, Medellin, Colombia" Yepes said nervously. His new boss replied with a grin, looking crazy and holding his hand to his nose, pretending coca get a pass. "Medellin, the best, the best in the world, George". And there began the chemical. "I want to clarify something Yepes says. I was never the Jivaro of Mr. Richards ".

When finished painting the mansion, and spoke Richards followed with Yepes and the day of departure of the workers asked him to remain as his butler. "A job, I thought, because to me, although I liked the rock," I killed the Stones ", the only one I knew was Angie and it was because it was called my girlfriend," he says.

Soon, Yepes became the confidant of Richards, their daughters (Theodora and Alexandra) and his wife, Patti Hansen. "I had to go to New York to take a jacket, a ring or some object he had forgotten in his mansion. He traveled with them and went to the dressing rooms at concerts ".

It was a great life, but he was alone. He missed his girlfriend, Angelica. "I told Mr. Richards was not happy, he loved me and told me to take her to the mansion, but I told him it was very difficult to get a visa for a Colombian. 'The one is to buy a visa, Mr. Richards' I said one day. A week later, I got $ 13,000 in an envelope. 'Do what you have to do but bring her and be happy,' he said. "

And it was. He paid 22 million pesos in Medellin for false visa for his girlfriend, whom he married before the trip. Two months later, Angelica was doing domestic chores of the mansion and Yepes was happier than ever. There had their first child, Daniel (now 11 years), and even the baby shower was the responsibility of the Richards. He was given a guitar autographed and a trip to Orlando, Florida.

Jail

But how window cleaner ends in Medellin Butler guitarist of the Rolling Stones? "Well, I screwed up. I started doing laps rare and see, here I am. But yes, I tell better with rum, "says Yepes, who, after collecting their memories of the coffee table, he goes to the corner store.

Sitting on the floor, recalls: "Everything went wrong. First, I separated from my wife, I got depressed, I quit my job with Richards and I had hard days. " After his resignation, Yepes was dedicated to his old trade, painting houses. But he found a job that brought better economic results: take money from one place to another. "I never knew what it was that money. I just knew I had to get her from point A to point B and they paid me $ 1,500 for the return. That was a business of a "friend paisa", but I helped him, "she says.

In one of those deliveries was caught by the DEA, and later convicted of money laundering and transferred to a prison in Pennsylvania. There, shared cabin with David Murcia Guzman, the creator of the DMG money scavenging. "I just said, 'Do you know who I am? DMG I own and all that gold touched it again '. I replied: 'Oh, my friend, fuck me, I play it all that shit back. "

He spent six months in prison and was deported. He lost everything. Now he wants to recover two autographed guitars by Richards, he gave her and left home for a premium in the U.S.. And get his wife, who now lives in Venezuela. The musician does not think search, as it did in the time when he was in jail. "He was great person and I will not hurt your image," says taking the last rum to the bottom.

(*) Paisa (paisa plural) denotes the intention to describe the inhabitants of Antioquia, Risaralda, Caldas, Quindio, North and East of Valle del Cauca and Tolima Northeast.

Jorge Quintero, THANKS! 






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